Dos caras
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2/1/20261 min read

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En el comedor del sanatorio espero el desayuno, las tostadas, el café. Anticipo, con la alegría del cuerpo, ese breve placer en este salón casi vacío
Al fondo, solo un par de mujeres, pensativas, solitarias, comen: cada una en su mundo, masticando sus miradas lejanas. Un gran ventanal se abre a la calle, deja entrar mucha luz y separa, pienso, dos caras de la misma moneda: la salud y la vida, y la enfermedad y la muerte
Dos caras que hay que aceptar; sin una, no tendríamos la otra. Aceptar también que, al tratar de entender, no entendemos nada
Pero no es fácil. Ayer, con mi tío en la sala de visitas de la habitación de mi padre, hablábamos de que la vida es una oscilación de tragedias. Le decía, con ironía, que había espacios para la tregua, para la comedia, para las drogas y para los cruceros, pero que luego, en el horizonte, siempre se presentía la tormenta.
“Life is shit and then we die”, le dije con un acento británico del que me enorgullezco.
Él me dio la razón. Me dijo que sentía que esos momentos buenos eran para tomar aire y me habló de sus propias tragedias. Pero el gesto de su presencia me mostró la verdadera otra cara de la muerte: el amor.
Lo importante es ver el todo. Aceptar que también se nos han dado momentos de tranquilidad, de amistad, de pequeños oasis a veces pasajeros y, a veces, con mucha suerte, hasta que la muerte nos separe.
Lo importante es ver lo real en su justa dimensión, que también hay cosas buenas, como este café y estas tostadas que estoy a punto de disfrutar, entre miradas distantes, en un comedor semivacío. Y pensar que quizás en pocos días estaremos de nuevo del otro lado de este ventanal.
Lo importante y necesario es ver claramente que las dos caras son, en realidad, el amor y la muerte; aceptar el miedo y sentir, en esa claridad, algún tipo de paz